Dr. Roger de Oña

Rizartrosis · Base del pulgar · Madrid

Rizartrosis del pulgar: qué es y cómo se trata

La rizartrosis es la artrosis que afecta a la articulación situada en la base del pulgar, entre el primer metacarpiano y un pequeño hueso de la muñeca llamado trapecio. Esta articulación es fundamental para muchas actividades de la vida diaria, ya que permite separar el pulgar de la mano, hacer pinza, agarrar objetos, abrir botes, girar llaves o sujetar utensilios con fuerza.

Valoración de rizartrosis del pulgar en consulta

Síntomas habituales de la rizartrosis

Cuando esta articulación se desgasta, el cartílago que recubre las superficies articulares pierde calidad y grosor. Como consecuencia, los huesos rozan peor entre sí, aparece inflamación, dolor y progresivamente puede desarrollarse deformidad, pérdida de fuerza y limitación funcional. A este proceso lo llamamos rizartrosis o artrosis del pulgar.

Es una patología muy frecuente, especialmente en mujeres a partir de la mediana edad, aunque también puede afectar a hombres y a personas más jóvenes, sobre todo si han realizado trabajos manuales intensos, deportes de agarre, actividades repetitivas o han sufrido traumatismos previos en la base del pulgar. También puede existir cierta predisposición individual por la forma de la articulación, la laxitud ligamentosa o factores familiares.

El síntoma más característico es el dolor en la base del pulgar, especialmente al realizar gestos de pinza o fuerza. Muchos pacientes refieren dificultad para abrir una botella, escurrir una bayeta, girar una llave, abrochar botones, usar tijeras, escribir durante mucho tiempo o sujetar objetos pesados.

En fases iniciales, el dolor puede aparecer solo con esfuerzos concretos y mejorar con reposo. Con el tiempo, puede hacerse más frecuente e incluso aparecer en actividades sencillas. En algunos casos se observa inflamación local, sensación de roce, chasquidos, pérdida de fuerza o deformidad progresiva en la base del pulgar. Cuando la enfermedad avanza, el pulgar puede adoptar una posición más cerrada hacia la palma y la mano pierde eficacia para hacer la pinza.

No todos los pacientes con rizartrosis tienen el mismo grado de dolor. A veces las radiografías muestran una artrosis importante y los síntomas son moderados; en otros casos, con cambios radiológicos menos llamativos, el dolor puede ser muy limitante. Por eso es importante valorar no solo la imagen, sino también la función real de la mano y las necesidades de cada paciente.

¿Cuándo debe consultar el paciente?

Conviene consultar con un especialista en cirugía de la mano cuando el dolor en la base del pulgar se mantiene en el tiempo, limita actividades cotidianas o laborales, obliga a dejar de hacer gestos habituales o se acompaña de pérdida progresiva de fuerza.

También es recomendable consultar si el paciente empieza a depender de antiinflamatorios con frecuencia, si nota deformidad progresiva o si los tratamientos iniciales no consiguen controlar adecuadamente los síntomas.

Una valoración especializada permite confirmar el diagnóstico, descartar otras causas de dolor en la muñeca o el pulgar y establecer un plan de tratamiento proporcionado a la fase de la enfermedad.

Tratamiento de la rizartrosis: tres escalones terapéuticos

El tratamiento de la rizartrosis debe individualizarse. No todos los pacientes necesitan cirugía, y en muchos casos es posible controlar los síntomas durante bastante tiempo con medidas conservadoras. De forma sencilla, podemos entender el tratamiento en tres escalones: tratamiento conservador, infiltraciones y tratamiento quirúrgico.

Primer escalón: tratamiento conservador

El primer escalón suele incluir medidas locales, adaptación de actividades, fisioterapia específica y uso de ortesis. El objetivo es reducir el dolor, mejorar la función y disminuir la sobrecarga sobre la articulación.

Las medidas locales pueden incluir frío o calor según el tipo de dolor, antiinflamatorios tópicos, control de esfuerzos repetitivos y modificación de determinados gestos. A veces pequeños cambios en la forma de usar la mano reducen mucho la irritación de la articulación.

La fisioterapia puede ser útil cuando está bien orientada. No se trata únicamente de “hacer ejercicios”, sino de mejorar el equilibrio muscular del pulgar, mantener la movilidad, trabajar la estabilidad de la articulación y enseñar estrategias para proteger la mano en actividades de fuerza.

Las ortesis o férulas para rizartrosis son uno de los tratamientos más utilizados. Pueden emplearse durante actividades concretas, en momentos de dolor o durante la noche, según el caso. Su función es estabilizar la base del pulgar, disminuir la carga mecánica y permitir que el paciente use la mano con menos dolor. Existen ortesis rígidas, semirrígidas y más funcionales; la elección depende de la intensidad de los síntomas, la actividad del paciente y la tolerancia a la férula.

Este primer escalón es especialmente útil en fases iniciales o moderadas, en pacientes con dolor intermitente o cuando se desea retrasar o evitar la cirugía.

Segundo escalón: infiltraciones

Cuando el tratamiento conservador no es suficiente, puede plantearse un segundo escalón mediante infiltraciones. Las infiltraciones buscan reducir el dolor y la inflamación dentro de la articulación trapeciometacarpiana.

La opción más clásica es la infiltración con corticoide, que puede proporcionar alivio durante un periodo variable. No modifica la artrosis de base, pero puede ayudar a controlar brotes dolorosos o permitir que el paciente mantenga su actividad con menos limitación. Su efecto no es igual en todos los casos y suele ser más predecible en fases iniciales o intermedias que en artrosis muy avanzadas.

En algunos pacientes también pueden considerarse otras opciones, como ácido hialurónico o infiltraciones biológicas, aunque su indicación debe valorarse con prudencia y explicando bien las expectativas reales. Lo importante es entender que una infiltración no “cura” la rizartrosis, sino que puede formar parte de una estrategia para controlar síntomas y ganar tiempo antes de plantear cirugía.

Las infiltraciones deben realizarse con una indicación adecuada y, preferiblemente, con control preciso de la localización, especialmente en articulaciones pequeñas como la base del pulgar.

Tercer escalón: tratamiento quirúrgico

La cirugía se plantea cuando el dolor y la limitación funcional persisten a pesar del tratamiento conservador y las infiltraciones, o cuando la artrosis es avanzada y afecta de forma importante a la calidad de vida del paciente.

No existe una única cirugía válida para todos los casos. La mejor opción depende de la edad, la actividad manual, la intensidad del dolor, el estado de la articulación, la fuerza requerida por el paciente y sus expectativas.

Artroplastia de resección o trapeciectomía

La trapeciectomía consiste en retirar el hueso trapecio, que forma parte de la articulación desgastada. Al eliminar el contacto doloroso entre las superficies artrósicas, se busca aliviar el dolor y mejorar la función.

Es una técnica muy utilizada y con una larga trayectoria en cirugía de la mano. Puede ser especialmente adecuada en pacientes con artrosis avanzada, dolor importante y menor necesidad de esfuerzos manuales extremos. Su principal ventaja es que evita mantener una articulación artrósica dolorosa. Su limitación es que la recuperación puede ser progresiva y la fuerza puede tardar meses en mejorar.

Suspensión o ligamentoplastia asociada

En muchos casos, la trapeciectomía se asocia a algún procedimiento de suspensión o ligamentoplastia. El objetivo es estabilizar el primer metacarpiano después de retirar el trapecio, evitando que se hunda en exceso y mejorando la mecánica del pulgar.

Estas técnicas pueden realizarse con tendones del propio paciente o con otros sistemas de suspensión. La indicación depende de la preferencia técnica del cirujano, la anatomía del paciente y las características del caso. En términos sencillos, buscan reconstruir un apoyo estable para que el pulgar funcione con menos dolor y con una pinza eficaz.

Prótesis trapeciometacarpiana

La prótesis trapeciometacarpiana sustituye la articulación dañada por un implante. Su objetivo es conservar una mecánica más parecida a la articulación original, con una recuperación potencialmente más rápida de la movilidad y la fuerza en algunos pacientes.

Puede ser una buena opción en casos seleccionados, especialmente cuando se busca mantener fuerza y movilidad y la anatomía ósea permite una implantación adecuada. Sin embargo, como cualquier prótesis, puede presentar desgaste, aflojamiento, luxación o necesidad de revisión con el paso del tiempo. Por ello no debe plantearse como una solución universal, sino como una opción interesante para determinados pacientes bien seleccionados.

Artrodesis en casos seleccionados

La artrodesis consiste en fijar la articulación para que deje de moverse. Al eliminar el movimiento doloroso, puede proporcionar estabilidad y fuerza. Se reserva para casos concretos, por ejemplo pacientes jóvenes, trabajadores manuales o situaciones en las que se prioriza la fuerza sobre la movilidad.

Su principal ventaja es la estabilidad. Su limitación es que se pierde el movimiento de esa articulación, aunque otras articulaciones del pulgar pueden compensar parcialmente. Además, como en cualquier artrodesis, existe riesgo de falta de consolidación o sobrecarga de articulaciones vecinas.

Recuperación después de la cirugía

La recuperación depende de la técnica realizada. En general, tras la cirugía suele ser necesario un periodo de inmovilización inicial, seguido de rehabilitación progresiva. El dolor suele mejorar de forma gradual, pero la recuperación completa de la fuerza y la función puede requerir varios meses.

En muchos pacientes, las actividades ligeras se recuperan antes, mientras que los gestos de fuerza, pinza mantenida o trabajo manual intenso necesitan más tiempo. Es importante explicar desde el principio que la cirugía de rizartrosis no debe valorarse solo por las primeras semanas, sino por la evolución progresiva durante los meses posteriores.

Un tratamiento individualizado

La rizartrosis es una causa muy frecuente de dolor en la base del pulgar, pero no todos los pacientes necesitan el mismo tratamiento. Algunas personas mejoran con ortesis, fisioterapia y medidas locales; otras pueden beneficiarse de infiltraciones; y en casos avanzados o muy limitantes puede ser razonable plantear cirugía.

La decisión debe tomarse de forma individualizada, teniendo en cuenta la edad, la actividad profesional y deportiva, la intensidad del dolor, el grado de artrosis, la fuerza necesaria en la vida diaria y las expectativas del paciente. El objetivo no es aplicar una técnica de forma automática, sino elegir el tratamiento más adecuado para cada mano y para cada persona.

Valoración especializada de la rizartrosis y del dolor en la base del pulgar.

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