Dr. Roger de Oña

Enfermedad de Dupuytren · Fibromatosis palmar · Madrid

Enfermedad de Dupuytren o fibromatosis palmar

La enfermedad de Dupuytren, también conocida como fibromatosis palmar, es una enfermedad benigna de la fascia de la palma de la mano. No es un cáncer y no invade otros órganos, pero puede tener una repercusión importante en la función de la mano porque produce una retracción progresiva de los dedos hacia la palma.

Valoración de la enfermedad de Dupuytren en consulta

¿Por qué la piel de la palma es diferente?

El paciente suele empezar notando pequeños nódulos o bultos duros en la palma. Con el tiempo, estos nódulos pueden transformarse en cordones o cuerdas que se dirigen hacia los dedos. Cuando estas cuerdas se contraen, los dedos van perdiendo capacidad para extenderse por completo y la mano empieza a cerrarse progresivamente.

Aunque muchas veces no produce dolor, la enfermedad puede limitar actividades cotidianas como apoyar la mano plana sobre una mesa, ponerse guantes, meter la mano en un bolsillo, lavarse la cara, estrechar la mano, usar herramientas o realizar gestos finos con normalidad.

La piel de la palma de la mano no se comporta igual que la piel del dorso. En el dorso de la mano, la piel es más móvil y se desplaza con facilidad sobre los planos profundos. En la palma, en cambio, la piel está mucho más firmemente anclada.

Esta característica es fundamental. Gracias a esa piel estable, podemos agarrar objetos, utilizar herramientas, apoyarnos sobre la mano o hacer fuerza sin tener la sensación de que la piel “resbala” o se mueve como si lleváramos un guante mal ajustado.

La estructura que contribuye de forma decisiva a esa estabilidad es la fascia palmar, también llamada aponeurosis palmar. Es una lámina fibrosa situada bajo la piel de la palma, que la ancla a planos profundos y participa en la arquitectura funcional de la mano.

¿Qué es la fascia palmar?

La fascia palmar no es una simple capa plana de tejido. Tiene una estructura tridimensional compleja. Por un lado, ayuda a mantener la piel palmar adherida y estable. Por otro, forma parte del sistema de compartimentos y túneles por los que discurren las estructuras que van hacia los dedos.

En la palma y los dedos pasan tendones, nervios, arterias y venas en espacios anatómicos muy precisos. La fascia palmar se relaciona íntimamente con estas estructuras y contribuye a organizar la anatomía de la mano.

Esta cercanía es muy importante para entender por qué la enfermedad de Dupuytren puede ser quirúrgicamente delicada. Cuando la fascia enferma forma nódulos y cuerdas, no solo retrae los dedos: también puede modificar la posición habitual de estructuras nobles, como los nervios y las arterias digitales.

¿Qué ocurre en la enfermedad de Dupuytren?

En la enfermedad de Dupuytren se produce una alteración de las células de la fascia palmar. Estas células proliferan y generan un tejido fibroso anómalo que puede formar nódulos y cordones.

Una de las características más importantes de este proceso es la presencia de miofibroblastos. Los miofibroblastos son células con rasgos intermedios entre fibroblastos y células musculares lisas. Tienen capacidad de producir tejido fibroso, pero también cierta capacidad contráctil.

Esa capacidad contráctil explica por qué la enfermedad no se limita a formar bultos en la palma. Con el tiempo, las cuerdas de Dupuytren pueden ir acortándose y tirando de los dedos hacia la flexión. El resultado es una pérdida progresiva de extensión, especialmente del dedo anular y del meñique, aunque puede afectar a cualquier dedo, incluido el pulgar.

¿Cómo empieza?

La enfermedad suele comenzar de forma lenta. Muchos pacientes notan inicialmente un pequeño nódulo duro en la palma de la mano. A veces ese nódulo molesta al apoyar la mano o al agarrar objetos, aunque con frecuencia no duele.

Con el paso del tiempo pueden aparecer:

  • Nódulos en la palma.
  • Hoyuelos o retracciones en la piel.
  • Engrosamientos longitudinales.
  • Cuerdas palpables que se dirigen hacia los dedos.
  • Dificultad para apoyar la mano plana.
  • Pérdida progresiva de extensión de uno o varios dedos.
  • Contractura fija del dedo en flexión en fases avanzadas.

La evolución es muy variable. Hay pacientes que tienen nódulos durante años sin desarrollar una contractura importante. Otros, en cambio, presentan una evolución más rápida y una deformidad progresiva de los dedos.

Factores asociados

La causa exacta no siempre se conoce, pero existen factores que se asocian con mayor frecuencia a la enfermedad de Dupuytren.

Es más frecuente en varones, especialmente a partir de la edad adulta, y tiene una clara predisposición familiar en muchos casos. También se ha relacionado con ascendencia del norte de Europa, diabetes, tabaquismo, consumo elevado de alcohol, epilepsia o determinados factores metabólicos, aunque no siempre existe una causa identificable en cada paciente.

Es importante entender que no suele aparecer por un traumatismo aislado ni por “usar mucho la mano” de forma simple. Puede haber factores que modifiquen su evolución, pero en la mayoría de los casos existe una predisposición biológica individual.

¿Por qué puede cerrar los dedos?

La enfermedad de Dupuytren no afecta primariamente a los tendones. Este punto es importante. El problema está en la fascia palmar y en sus prolongaciones hacia los dedos.

A medida que la fascia enferma se transforma en cuerdas, estas cuerdas pueden ir acortándose. Al hacerlo, tiran de los dedos hacia la palma. Al principio el paciente puede corregir parcialmente la posición, pero en fases más avanzadas la articulación queda cada vez más rígida y el dedo pierde capacidad de extensión.

Las articulaciones más afectadas suelen ser la metacarpofalángica y la interfalángica proximal. La contractura de la interfalángica proximal suele ser más difícil de corregir y puede dejar más rigidez residual si se trata demasiado tarde.

Por eso es importante valorar el momento adecuado para tratar. Operar demasiado pronto puede no estar justificado si solo existen nódulos sin limitación funcional. Pero esperar demasiado puede hacer que la cirugía sea más compleja y que la recuperación completa de la extensión sea más difícil.

¿Cuándo conviene consultar?

Conviene consultar con un cirujano de mano cuando aparecen nódulos en la palma, cuerdas, hoyuelos en la piel o dificultad para extender completamente un dedo.

Una forma sencilla de sospechar que la contractura empieza a ser relevante es el llamado “test de la mesa”: si el paciente no puede apoyar la palma y los dedos completamente planos sobre una mesa, puede existir una contractura que ya merece valoración especializada.

También es recomendable consultar si la deformidad progresa, si afecta a varios dedos, si limita actividades cotidianas o si existe antecedente familiar de Dupuytren agresivo.

Tratamiento: no todos los casos deben operarse

La enfermedad de Dupuytren no siempre necesita tratamiento inmediato. Si solo existen nódulos sin contractura, muchas veces se recomienda observación y seguimiento. En estos casos, el objetivo es vigilar la evolución y detectar si empieza a aparecer una pérdida de extensión.

Cuando la enfermedad produce una contractura que limita la función, se pueden valorar distintas opciones de tratamiento. La elección depende del dedo afectado, el tipo de cuerda, el grado de contractura, la afectación de la articulación, la edad del paciente, la actividad funcional y la experiencia del equipo tratante.

Entre las opciones disponibles se encuentran la fasciotomía percutánea, la infiltración enzimática en aquellos contextos donde esté disponible y sea adecuada, y la cirugía abierta mediante fasciectomía selectiva.

La cirugía abierta consiste en extirpar de forma cuidadosa la fascia enferma y liberar las estructuras retraídas para mejorar la extensión del dedo. En casos seleccionados, especialmente cuando existe afectación importante de la piel, puede ser necesario asociar injertos cutáneos u otras técnicas reconstructivas.

¿Por qué la cirugía de Dupuytren es delicada?

Aunque desde fuera pueda parecer una cirugía “de una cuerda en la palma”, la cirugía de Dupuytren puede ser técnicamente exigente.

La razón es que la enfermedad altera la anatomía normal de la mano. Las cuerdas de Dupuytren pueden desplazar los nervios y las arterias digitales de su posición habitual. En algunos casos, estas estructuras quedan atrapadas, rodeadas o desviadas por la fibrosis.

Esto aumenta el riesgo de lesión vascular o nerviosa durante la cirugía si no se conoce bien la anatomía de la enfermedad. Además, la piel puede estar adherida, retraída o afectada por hoyuelos, lo que dificulta el cierre y la recuperación.

Por eso es importante que el tratamiento sea realizado por un cirujano de mano con experiencia. El objetivo no es simplemente cortar una cuerda, sino corregir la contractura protegiendo los nervios, las arterias, los tendones y la piel.

El momento ideal para tratar

Uno de los aspectos más importantes en la enfermedad de Dupuytren es elegir bien el momento del tratamiento.

En fases muy iniciales, cuando solo hay nódulos y no existe pérdida de extensión, la cirugía puede ser innecesaria. Sin embargo, en fases avanzadas, cuando los dedos llevan mucho tiempo cerrados, la corrección puede ser más difícil, la piel puede estar más retraída y las articulaciones pueden haber desarrollado rigidez secundaria.

El momento ideal suele ser aquel en el que la contractura empieza a limitar la función, pero antes de que la deformidad sea muy rígida o muy avanzada. Por eso la valoración individual es fundamental.

No se debe tratar una radiografía ni una fotografía aislada de la mano. Se debe tratar a un paciente concreto, con una anatomía concreta, una función concreta y una evolución determinada.

Un poco de historia: quién fue Dupuytren

La enfermedad recibe su nombre por Guillaume Dupuytren, un influyente cirujano francés del siglo XIX. Dupuytren trabajó en el Hôtel-Dieu de París y fue una de las figuras quirúrgicas más reconocidas de su época.

En 1831 describió la contractura progresiva de los dedos relacionada con la retracción de la fascia palmar. Su aportación fue importante porque defendió que el problema no estaba en los tendones flexores, como se pensaba previamente, sino en la aponeurosis o fascia palmar.

Este cambio de interpretación permitió entender mejor la enfermedad y orientar el tratamiento hacia la fascia enferma. Desde entonces, la enfermedad quedó asociada a su nombre.

Valoración especializada en cirugía de la mano

La enfermedad de Dupuytren es frecuente, pero su tratamiento no siempre es sencillo. Algunos pacientes solo necesitan observación. Otros pueden beneficiarse de técnicas mínimamente invasivas. Y otros requieren cirugía abierta cuidadosa para corregir contracturas más importantes.

La clave está en valorar correctamente el grado de afectación, la velocidad de progresión, las articulaciones implicadas, la calidad de la piel, la posición de las cuerdas y el impacto funcional real.

Un cirujano de mano puede explicar al paciente en qué fase se encuentra, qué opciones tiene, cuándo conviene tratar y qué resultado razonable puede esperarse.

La enfermedad de Dupuytren no siempre puede “curarse” de forma definitiva, porque puede reaparecer o progresar con el tiempo. Pero un tratamiento bien indicado y realizado en el momento adecuado puede mejorar de forma importante la posición de los dedos, la apertura de la mano y la capacidad para realizar actividades cotidianas.

Valoración especializada de la enfermedad de Dupuytren y de la retracción de los dedos.

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