Tras una fractura desplazada, es decir, una fractura en la que los fragmentos de hueso se han movido de su posición original, el objetivo del tratamiento es reducirla y fijarla correctamente. Reducir una fractura significa volver a colocar los fragmentos en su sitio, y fijarla significa mantenerlos estables hasta que el hueso consolide.
Dependiendo del tipo de fractura, de la edad del paciente, de su actividad laboral, deportiva y de sus necesidades funcionales, esta fijación puede realizarse de forma cerrada, mediante inmovilización con yeso, o mediante cirugía, utilizando placas, tornillos u otros sistemas de fijación.
En la mayoría de los casos, si la fractura está bien alineada y estable, el hueso acaba consolidando. Consolidar significa que los fragmentos vuelven a unirse entre sí formando de nuevo un hueso continuo. Sin embargo, en un pequeño porcentaje de pacientes, aproximadamente alrededor del 5-10% según el tipo de fractura y sus circunstancias, este proceso no se completa. Cuando una fractura no ha consolidado tras varios meses de evolución, hablamos de pseudoartrosis o no unión.
La pseudoartrosis no es simplemente una fractura que "tarda más en curar". En muchos casos existe un problema biológico local: los extremos del hueso pueden estar desvitalizados, es decir, con poco aporte de sangre, o el tejido que rodea la fractura puede estar muy cicatricial. Este entorno, que llamamos lecho de la fractura, es fundamental para que cualquier injerto de hueso pueda integrarse y conseguir la curación.
El tratamiento clásico de una pseudoartrosis consiste en limpiar y refrescar los extremos del hueso, aportar injerto óseo, habitualmente tomado de la cresta ilíaca, en la zona de la cadera, y realizar una nueva fijación estable mediante placa y tornillos. Este procedimiento funciona bien en muchos casos.
Sin embargo, cuando el problema principal es que el lecho no tiene capacidad para integrar el injerto, o cuando los extremos óseos están desvitalizados, los tratamientos convencionales pueden fracasar. En estas situaciones, repetir la misma cirugía con más injerto no siempre soluciona el problema, porque el hueso aportado sigue dependiendo de un entorno local que no es capaz de alimentarlo ni integrarlo adecuadamente.
En estos casos complejos recurrimos a técnicas de microcirugía reconstructiva, utilizando hueso vascularizado. A diferencia de un injerto convencional, el hueso vascularizado se transfiere junto con su arteria y su vena. Es decir, no se aporta simplemente un fragmento de hueso, sino un fragmento de hueso vivo, con su propio aporte sanguíneo.
Habitualmente obtenemos este tejido de la región de la rodilla, desde donde puede tomarse un pequeño fragmento óseo vascularizado con una morbilidad baja y generalmente bien tolerada. Una vez colocado en la zona de la pseudoartrosis, se conectan su arteria y su vena a vasos cercanos mediante técnicas de microcirugía. Al volver a circular sangre por ese hueso transferido, aumentan mucho las posibilidades de que la fractura consolide.
Esta técnica es especialmente útil en pseudoartrosis complejas, casos ya operados previamente, fracturas abiertas, lesiones con mucha cicatriz, pérdidas de hueso o situaciones en las que han fracasado los injertos convencionales. Nuestra experiencia con este tipo de reconstrucciones es muy amplia y nos permite ofrecer una alternativa eficaz en casos en los que, de otro modo, las opciones serían mucho más limitadas.