Las lesiones de los nervios de la mano y del miembro superior pueden producirse por heridas aparentemente pequeñas. Un corte de pocos centímetros, una herida con cristal, un accidente laboral o una lesión penetrante pueden seccionar estructuras nerviosas fundamentales y provocar consecuencias muy importantes para el paciente.
Los nervios son los responsables de transmitir la sensibilidad y de activar la musculatura. Cuando se lesionan, el paciente puede perder sensibilidad en los dedos, desarrollar dolor neuropático, hormigueos, intolerancia al frío o perder la capacidad de mover determinados músculos de la mano. En algunos casos, una lesión nerviosa no tratada correctamente puede dejar una mano rígida, débil, dolorosa o incapaz de realizar funciones básicas como la pinza, la escritura o el agarre.
Por este motivo, el diagnóstico y el tratamiento precoz son fundamentales. No todas las heridas importantes parecen graves desde fuera, y en ocasiones el daño real está en profundidad. Identificar a tiempo una lesión nerviosa y tratarla por un equipo con experiencia en microcirugía puede marcar la diferencia entre una buena recuperación funcional y una secuela permanente.
El tratamiento depende del tipo de lesión, del nervio afectado, del tiempo transcurrido y de la distancia entre los extremos lesionados. En algunos casos es posible realizar una reparación directa del nervio. En otros, cuando existe pérdida de sustancia o los extremos no pueden aproximarse sin tensión, es necesario utilizar injertos nerviosos para reconstruir el trayecto del nervio lesionado.
En lesiones más complejas o evolucionadas, además de reconstruir el nervio principal, pueden emplearse transferencias nerviosas. Estas técnicas consisten en redirigir nervios funcionantes hacia músculos que han perdido su inervación, con el objetivo de recuperar funciones esenciales de la mano.